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Cuatro años. El verdadero balance de la acción oligárquica

El período de gobierno liberal y oligárquico en la Argentina concluye con la recesión más importante de la historia. Cabe la observación porque no forma parte de los contenidos informativos habituales. Pero así es, y resulta necesario saberlo, decirlo, difundirlo. Comprender lo que ello implica.

FUENTE: Gabriel Fernández *

La política del ajuste y la transferencia de recursos han generado una desindustrialización salvaje, una retracción imponente del mercado interno y un deterioro general de las condiciones de vida en todo el país. Estos son los resultados del “déficit Cero”; es decir, de la decisión oficial de no invertir en la sociedad los impuestos que paga la misma sociedad.

Propaganda demagógica mediante, se convenció a una gran parte de los argentinos sobre la importancia de “ahorrar” para crecer; así se decreció pues el modo de impulsar el desarrollo se asienta en verter sobre la economía real los recursos que, catalizados por el Estado, surgen de esa misma actividad.

La priorización de los intereses de las casas financieras, de las empresas privatizadas de servicios, de los agroexportadores primarios y de las firmas ligadas directamente al gabinete nacional ha deteriorado la producción de bienes de producción y consumo, así como la participación del conjunto social en la distribución del PBI.

La utilización de los recursos nacionales para beneficiar a esos espacios particulares ha vaciado al Estado y desfinanciado las instituciones crediticias centrales de la Nación. Lo cual ha derivado en un endeudamiento externo formidable, innecesario y de compleja resolución futura.

Debido al mismo espíritu del plan concretado por el macrismo, se redujo a niveles ínfimos el impulso educacional científico técnico y se abandonaron enormes progresos logrados por la investigación nacional en el tramo previo. Dirigentes y medios que se rasgan las vestiduras al hablar de la “cultura” han desmontado su realización práctica.

El cierre récord de empresas en manos de un gobierno que se proclamó capitalista, proclive a fomentar la competencia y la capacidad, debería llamar la atención pero ese debate pasa desapercibido. Aún varios espacios que se posicionan críticamente enfocan los resultados pero no desnudan las causas de los mismos.

La propaganda sin más fundamento que la aseveración rimbombante está orientada a responsabilizar de los problemas a quienes en verdad proponen soluciones: el movimiento obrero organizado y las entidades sociales. El núcleo empresarial rentístico al frente del Estado descarga la hecatombe que ha originado sobre aquellos que la resisten y cuestionan.

El gobierno liberal y oligárquico recibió una economía ordenada y en desarrollo, como admitiera su primer ministro de Economía en el tramo inaugural del año 2016. Rápidamente se descartó esa visión y se impuso compulsivamente la idea de una grave crisis determinada por la “corrupción” de la gestión nacional popular.

La falsedad de esa campaña que pervive en el presente supera la ausencia de pruebas: cualquier comparación económica seria entre el monto contenido en algunos bolsos de dudoso origen y en contratos que merecen auditoría revela que aún cuando las imputaciones tuvieran algún asidero no guardan relación con el hundimiento que estamos observando.

En la misma línea se afectó la Soberanía nacional. La Argentina, impulsora del Mercosur y del Unasur, ha contribuido bajo el régimen de Cambiemos – PRO – UCR a reconvertir el primer organismo en un espacio financiero y a desestructurar el segundo, perjudicando en ambos casos el despliegue de un bloque político económico potente.

Esta acción se combinó con otra, destinada a favorecer las pretensiones de eternizar el control británico sobre las Islas Malvinas, mientras se desfinanciaban las trascendentes acciones argentinas en la Antártida recortando un presupuesto que debería haber sido ampliado. En un planeta donde la brega por los recursos es impiadosa, la Argentina ha dejado de lado su propia zona del Atlántico Sur.

De allí que la política de seguridad haya derivado en la orientación del conjunto de las fuerzas militares y policiales en las absurdas luchas “contra el terrorismo y el narcotráfico” según las premisas de la OTAN y el suprapoder norteamericano, cuando es notorio que esas potencias son las impulsoras de ambos flagelos.

No vamos a entrar ahora en el detalle de cada sector. A diario, desgranamos la información precisa sobre todos los rubros, en los distintos niveles. Es preciso plantear la realidad en trazo grueso reconocible para poder hacer un balance adecuado.

Es que la pesadilla macrista no se circunscribe a las lecturas fallidas del presidente, a las declaraciones extemporáneas de Elisa Carrió o Laura Alonso, a los disparates lanzados en pantalla por algunos voceros de la administración o a la utilización del decreto como forma gubernamental.

Estas y otras desventuras son evidencias epidérmicas del accionar profundo y devastador de la oligarquía al frente del Estado argentino. Mediante uno de los proyectos más completos que se hayan aplicado en nuestro país, no ha quedado área por quebrar ni región por devaluar.

A la hora de efectuar un recorrido por la “obra de gobierno” 2015 – 2019, es imprescindible ir a fondo y entender la matriz impuesta sobre la Argentina. Si sólo vamos hacia los “errores” y evocamos los “desajustes” perderemos la oportunidad, bien práctica, de debatir para aplicar una nueva etapa del Proyecto Nacional destinado a construir una genuina potencia en el Sur del continente.

  • Director La Señal Medios / Sindical Federal / Área Periodística Radio Gráfica
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