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Un año de Macri y el retorno del círculo perverso

Hace un año los argentinos presenciábamos una nueva asunción presidencial y veíamos a Mauricio Macri bailar en el histórico balcón y leer dos veces la misma página de su discurso, escrito y revisado por el séquito de asesores discípulos de Durán Barba.

Muchos vieron con cierta preocupación que quien iba a dirigir el futuro de millones durante cuatro años mostrase tales gestos de torpeza en unas breves horas. Estaban equivocados. El papel de Macri en la rosada es meramente decorativo, quienes manejan los hilos detrás del burro bailarín son las grandes corporaciones extranjeras, encabezadas por los bancos, y aliadas al capital concentrado local.

Al menos eso demuestra la conformación de su gabinete que reúne a la JP Morgan (Prat Gay), Shell (Aragnueren), Farmacity (Quintana), LAN Chile (Lopetegui), Telecom (Malcorra),La Anónima (Braunn) y Carrefour (Hamilton), por nombrar sólo algunos (también están el Citibank, la Goldman Sachs, Los Grobo, Esso, Exxon y ¡el FMI!). Desde el gabinete dictatorial de Martínez de Hoz que no se veían tantos representantes de empresas extranjeras en la Rosada. En aquellos años alguien decía:

El gran capital internacional y los monopolios mundiales operan a través de hombres de confianza (…) los agentes bancario y los directores de las compañías anónimas vuelcan sobre sus cuadros de la burocracia estatal a sus emprendedores, brillantes y eficientes ejecutivos. Son casi perfectos: al servir al gran capital y a los monopolios lo hacen con el corazón alegre y la frente alta. Están satisfechos de servir a la patria universal del dinero 

(García Lupo, 1975)[1]

Las medidas tomadas desde el día siguiente de la asunción revelan los intereses que defiende el gobierno de las corporaciones:

  • Devaluación: la modificación del tipo de cambio que devaluó en un 60% el peso argentino representó una transferencia de 5.000 millones de dólares desde los sectores que reciben sus ingresos en pesos (los trabajadores) hacia quienes cobran en dólares (exportadores y corporaciones extranjeras).
  • Eliminación o reducción de retenciones al agro y las mineras: el Estado dejó de percibir alrededor de 10.000 millones de dólares
  • Liberalización de la tasa de interés: duplicó la rentabilidad de los bancos del 5 al 10%
  • Aumento de precios: la inflación terminará arriba del 40% anual lo que permitió a los comercializadores embolsarse 6.000 millones de dólares más en los primeros seis meses del año.

Los números señalados muestran una transferencia de recursos de “abajo hacia arriba”, es decir desde los sectores asalariados hacia el capital concentrado (nacional y extranjero) que supera en los primeros 8 meses del año los 20.000 millones de dólares.  En el mismo periodo, de esos 20.000 la mitad fueron transferidos al exterior gracias a la eliminación de las restricciones cambiarias. Solamente en concepto remisión de utilidades al exterior se pasó de 107 millones de dólares en el primer semestre de 2015 a 1451 millones este año.

Tal flujo de dólares al exterior requiere que por algún lado ingresen y dado el deterioro de la balanza comercial por la apertura de importaciones y la eliminación de retenciones, la vía que queda es la del endeudamiento externo.

Entre el pago a los buitres y el financiamiento de la transferencia de renta la deuda argentina aumentó en lo que va del 2016 en 64.000 millones de dólares poniéndonos en el podio mundial de la toma de deuda (somos el país que más se endeudó en el 2016). No había una toma de deuda tan grande en proporción al tamaño de la economía desde la última dictadura cívico militar.

La ecuación es la siguiente: transferencia de recursos de abajo hacia arriba y de adentro hacia afuera que deja un “hueco” que es cubierto con endeudamiento permanente. El círculo virtuoso de la economía que se funda en garantizar ingresos que muevan el mercado interno a partir del consumo se convierte en un círculo perverso de drenaje de recursos hacia afuera. El consumo cae, la economía se detiene y contrae haciendo caer aún más el consumo (este año el PBI se achicó, es decir producimos menos bienes y servicios que el año pasado), y así hasta que revienta.

Las consecuencias sociales, humanas y culturales son nefastas. La fiestita financiera les ha costado el trabajo a 200.000 compatriotas. En diciembre de 2015 el 10% de la población más rica ganaba 18 veces más que el 10% más pobre, hoy gana 23 veces más. Un año después el balance, para ser claros, es el siguiente: los ricos son más ricos y los pobres son más pobres.

Cambiamos. Feliz Navidad.

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[1]“Macri: el gobierno de las corporaciones”. Instituto de Estudios Políticos Rodolfo Puiggros

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