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¿Qué pasa con el dólar?
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El Banco Central ha entregado casi el 10% de sus reservas en 30 días y en menos de una semana se ha devaluado un 5% la moneda, pero el dólar no para de subir.

Alarmas comienzan a saltar en los bancos y diarios del país. El valor de la divisa norteamericana continúa creciendo, marcando un récord en el precio de compra equivalente a $22,30 por cada dólar. ¿Por qué sucede esto? Es el resultado directo de las decisiones económicas del gobierno y sus amigos, especialmente los especuladores financieros y exportadores.

Pasemos a describir la situación general

En nuestro país el manejo de la tasa de cambio responde primero a las medidas que tome el Banco Central, comprando divisas para sus reservas o vendiendo dólares de ellas, para apreciar o devaluar el peso según sus objetivos. Este sistema intervenido por el Estado es denominado por la academia liberal, como tipo de cambio de “flotación sucia”.  Diferenciándolo del sistema de “flotación limpia” donde el valor de la moneda es controlado únicamente por el “mercado”, vale decir los grandes bancos privados.

Estos dos mecanismos no son los únicos que se manejan en el mundo, algunos países establecen el valor de su moneda nacional según el desarrollo de su PBI o establecen tipos de cambio múltiple según las necesidades nacionales.

¿Qué sucedió acá en los últimos tiempos?

En nuestro país los gobiernos antinacionales como el actual se han apoyado en diversas formas de convertibilidad. Vale decir la posibilidad de que los sectores más acaudalados conviertan la moneda nacional en una divisa extranjera, para que luego esa riqueza se transfiera a las casas centrales de grandes empresas, se fuguen a paraísos fiscales y otros destinos. En esta situación el Estado es el que se obliga a conseguir esos dólares, generalmente por medio de endeudamiento o impuestos a las exportaciones. Vale decir los argentinos pagamos con nuestro trabajo y riqueza las ganancias de unos pocos.

Una vez que los interesados en llevarse la plata (ej: bancos o grandes sojeros) establecen las formas de llevársela, queda por determinar entonces por cuantos pesos se cambiará el dólar. Un dólar alto, como puede ser el de $30 por cada divisa, es el ideal para los exportadores ya que pueden obtener mayor riqueza por el mismo volumen de productos. Sin embargo aumenta notablemente el nivel de precios interno, afectado por la importaciones de insumos y bienes del exterior, depreciando así el nivel del poder adquisitivo.

Un dólar bajo, como puede sostener Cavallo hoy a $16,50 (1), beneficia directamente a los importadores que ingresan bienes extranjeros que luego aniquilan la producción local. Situación que genera desocupación, caída de salario, crisis y todo lo que conocemos. Sin embargo hay otro gran ganador de un dólar barato y es aún más importante, son los especuladores financieros.

Si los grandes bancos, bonistas y buitres extranjeros pueden conseguir dólares baratos, se alimentan de la bicicleta financiera, convierten sus ganancias por una mayor cantidad de dólares, los transfieren y vuelven a comenzar el círculo vicioso. A esto se le denomina proceso de valoración financiera o timba financiera, nosotros preferimos decirle simplemente saqueo nacional.

La situación actual expone el estado del gobierno respecto a su alianza con los exportadores (de soja especialmente) y el sector financiero.

Los exportadores vienen presionando al gobierno para continuar con la devaluación, evitando liquidar las exportaciones. Las cuales generan los dólares que necesita el gobierno para pagar la deuda externa y la bicicleta financiera. Pero en noviembre de 2017 el gobierno eliminó totalmente la obligación de liquidar las divisas, luego de que en 2016 establecieran un límite de 10 años para liquidarlas. Recordemos que en el gobierno anterior se estableció que estaban obligados a hacerlo entre 15 y 30 días.

De esta forma son los mismos funcionarios del PRO los que cavan la tumba. Sumado a la quita de retenciones, las divisas obtenidas por la exportación de granos en 2017 fue un 10% menor que en 2016. Entre otras cosas por la sequía que afecto a la zona productora y que en los primeros once meses del año el país vendió a China un 25,9% menos de soja.

Mientras tanto en el exterior los préstamos se están haciendo más caros debido al aumento de la tasa establecida por la Reserva Federal de EEUU. A su vez las grandes financieras miran con peores ojos a Macri, que se está tardando en profundizar el ajuste y comienzan a hacerle difícil el acceso a la deuda. Para cerrar el nudo los especuladores de la Lebac están comprando dólares con sus ganancias. Algunos corren rumores de “Corralito” para los Plazos Fijos y Lebac, de ahí al Blindaje y Mega-Canje hay sólo un paso, total Sturzenegger ya está en el Banco Central y Cavallo acecha en la sombra.

De esta manera sin dólares por exportación y con menos posibilidades de endeudarse, el gobierno se enfrenta a dos extremos igual de mortales para los argentinos. Si devalúa brutalmente, el rechazo a los tarifazos será el menor de sus problemas. Si se entrega completamente todo a las finanzas, diciembre de 2001 está a la vuelta de la esquina.

Si los argentinos caminamos por la cuerda atravesando del abismo de la crisis, el macrismo es la vara de equilibrio con 100 kilos a cada extremo.

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