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Por la salida soberana al mar para Bolivia
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El 28 de Marzo del corriente, en la Corte Internacional de Justicia de La Haya, concluirán los alegatos presentados por Bolivia y Chile. A partir de esto se deberá dar resolución al reclamo presentado formalmente en el año 2013 por Bolivia, en que solicita que Chile regrese a una mesa de negociación, pero no le pide a la Corte que fije las modalidades específicas del acceso soberano al mar.

En la negociación se discutiría acerca de la devolución de los 120.000 kilómetros cuadrados de territorio y los 400 kilómetros de costa, arrebatadas por Chile en el conflicto bélico conocido como la “Guerra del Guano y el Salitre”.

Esta guerra sucedida entre 1879 y 1884, tuvo como principal objetivo desde el lado boliviano, la defensa del territorio y de los recursos naturales que se encontraban en la región del Desierto de Atacama, que hasta ese entonces eran extraídos por empresas chilenas y británicas (con sede en el país trasandino) sin ningún arancel. Para las clases acomodadas del vecino país, era la excusa perfecta para extender su territorio y quedarse con una de las principales zonas ricas en cantón salitrero, cuyo nitrato de sodio se utilizaba en principio como fertilizante y luego como ingrediente para la producción de pólvora.

Para la historia oficial, Hilarión Daza, Presidente de Bolivia (1876-1879), era culpable de la conflagración por incumplir un acuerdo e imponer un arancel de 10 centavos por quintal de salitre exportado. En realidad, lo que el entonces presidente boliviano se propuso era nacionalizar el salitre y establecer políticas económicas que protegieran la economía boliviana.

Esta situación no fue bien vista por las oligarquías chilena y boliviana, influenciadas por Inglaterra. Presionado por estos sectores, Daza se vio obligado a exiliarse en París. Años después, al obtener el permiso para regresar a su país a denunciar a los verdaderos traidores a la patria, es asesinado por una “turba iracunda”, según se han encargado de establecer quienes dictan las letras de la historia oficial, que, como bien sabemos, dista bastante de la realidad.

Desde aquel entonces hubo distintas negociaciones con los presidentes, cancilleres y embajadores de Chile para que Bolivia pudiera anexar a su territorio las tierras y costas que perdió en la Guerra del Pacifico (como les gusta llamarla a los invasores). Con el correr de las décadas el presidente del Estado Plurinacional de Bolivia, Evo Morales, ha tratado de establecer lazos de integración con los países de la región, pero el avance de la derecha sobre el hemisferio Sur ha dejado trunca las posibilidades de conformar un bloque de países latinoamericanos en pos de la defensa de la soberanía de los pueblos. El MERCOSUR, la CELAC, y en mayor medida la UNASUR eran el camino a la concreción de este proceso.

Quienes presiden hoy Argentina, Brasil y Chile (solo por nombrar algunos) nos encaminan a la desintegración y a establecer nuevamente lazos de sometimiento con las grandes potencias, principalmente EEUU. Esto adquiere peculiar relevancia en el marco de la “guerra comercial” desatada por Trump contra China. El gobierno chileno, conducido por la rosca oligárquica aliada a EEUU, impide hoy con mas fuerza la salida al mar de cualquiera que pueda usar el Pacífico para comercializar con China.

Pese a ello desde Bolivia no cesan los intentos de avanzar hacia la unidad. Uno de los ejemplos de ello es el proyecto Corredor Ferroviario Bioceánico de Integración proyectado para unir, a través de Bolivia, el puerto peruano de Ilo con el brasileño de Santos. De este proyecto no solo se beneficiarán los países mencionados, sino que también Paraguay, Uruguay y Argentina. Así, salida al mar y líneas férreas van, en un continente con las extensiones de tierra como el nuestro, inexorablemente de la mano. Ya sabemos que depende del interés de quienes la dispongan es si estas sirven para la integración regional o la sumisión al comprador de turno.

Dentro de dos días los latinoamericanos sabremos lo que dice al respecto la corte de La Haya, mientras tanto, seguiremos escribiendo estas líneas en defensa de los reclamos justos en nuestro continente.

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