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Caputo y la dominación financiera
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Saber que miembros del gobierno nacional tengan o hayan tenido participación directa en el negocio más rentable de la economía mundial, que es el sistema financiero, no es ninguna novedad. La diferencia está en que hoy las pruebas están a la vista, son contundentes y sus fuentes son insospechables para la intelligentzia local.

 

Hace pocos días atrás se difundieron documentos de la Comisión Nacional de Valores de Estados Unidos (SEC), como parte de la investigación llamada “Paradise Papers”, donde se comprueba que el Ministro de Finanzas, Luis Caputo, fue hasta hace pocos meses accionista de firmas offshore que administran millones de dólares en paraísos fiscales, dentro de los cuales se encuentran también bonos de la deuda argentina que fueron negociados por el actual ministro en 2016. Estas vinculaciones no fueron informadas por Caputo en su declaración jurada ante la Oficina Anti corrupción antes de asumir el cargo, incumpliendo un deber legal establecido por la normativa vigente y que podría tener consecuencias penales para Caputo.

De los hechos podemos decir que son moral y éticamente reprochables y, quizás, penalmente responsable. Sin embargo, nos interesa aquí destacar su importancia política; porque más allá de las imputaciones que desde formule el Poder Judicial, debemos resaltar y desmenuzar el asunto de que un miembro del gabinete (ya veremos que no es sólo uno) sea parte del engranaje de dominación económica mediante el gran negocio financiero que tiene como prerrequisito la dominación cultural y política.

Luis Caputo fue el principal encargado de negociar con el extinto juez Griesa y los fondos buitres el pago de bonos que no habían querido ingresar en los canjes de deuda de 2005 y 2010 y que buscaban, mediante un juez amigo, cobrar el monto nominal de sus deudas más intereses. Mientras que, por una ventanilla pedía U$S 16,500 millones para pagarle a los buitres (con tasas de interés exorbitantes: 7,2% anual) por la otra recibía los pagos al haber sido uno de los accionistas que administraban esos mismos bonos argentinos.

El ministro es también uno de los principales responsables de la toma de deuda pública argentina desde diciembre de 2015 a la actualidad (los cálculos más optimistas estiman que asciende a U$S 342.000 millones de dólares) que ha convertido a la Argentina en el país latinoamericano con mayor crecimiento del endeudamiento en el último año. ¿Adónde fue a parar la deuda?

La gran mayoría de ese endeudamiento sirvió para financiar la transferencia de renta al exterior; es decir, garantizar mediante las divisas que obtiene el Estado por endeudamiento, el negocio de la timba financiera que hoy se expresa fundamentalmente en las LEBAC. Tal es así, que según en Balance Cambiario del BCRA, la salida de capitales en el 2017 superó los U$S 22,100 millones. A esto debemos sumar la salida de divisas por turismo al exterior (U$S 10,600 millones) y la compra de autos de alta gama importados (U$S 8,400)[1]. Paralelamente, el total de divisas generadas a partir del trabajo en la Argentina que están radicadas en el exterior suma, aproximadamente, U$S 262,343  millones. Esta cifra que corresponde al tercer trimestre del año 2017, equivale al 44% del PBI[2].

De la enorme cantidad de divisas sacadas de la economía argentina, se estima que a paraísos fiscales ha llegado el equivalente al 80% del PBI, convirtiendo a la Argentina en el cuarto país del mundo con mayor pérdida de recaudación fiscal[3].

O sea que Caputo toma deuda con el argumento de paliar el déficit fiscal, que se utiliza para financiar la transferencia de renta al exterior, que va a parar a paraísos fiscales disminuyendo los recursos del Estado, ¡en donde él tiene sus empresas!.

El negocio no termina ahí: Luis Caputo tiene un primo, Nicolás (o “Nicky” según Mauricio Macri), que íntimo amigo del presidente. Nicolás Caputo, hoy cónsul en Singapur, tiene entre otras, una empresa constructora “Caputo S.A”. Esta empresa fue analizada por el Centro Latinoamericano de Inversiones (CELAI) llegando a la siguiente conclusión: «El incremento en la cartera de obra pública, que ha pasado desapercibido para la mayoría, se debe al récord de licitaciones ganadas indirectamente a través de la Sociedad S.E.S. dedicada a obras de arquitectura, ingeniería y mantenimiento, por un monto cercano a $1.000 millones, en la que Caputo S.A. tiene una participación del 50 por ciento”, las licitaciones fueron adjudicadas por “…principalmente el Gobierno Porteño, el Ministerio de Salud, Educación, de Ambiente, el de Desarrollo Urbano, Autopistas Urbanas” pero también con “los trabajos (que) se expanden paulatinamente hacia Nación con obras y mantenimiento para el Ministerio de Planificación Federal y Salud»[4].

¿Cómo se traduce esto? El endeudamiento sirve también para solventar económicamente el populismocaracterístico de gobiernos como el de Mauricio Macri: algunas obras públicas (concedidas a los amigos) tienden a disfrazar la desindustrialización, la pérdida del trabajo, del poder adquisitivo y los derechos de las clases populares, siempre, con una dosis de represión para quienes se manifiesten en contra.

Queremos ser justos con Luis Caputo, que es el chichipío que mandaron al frente, pero él no ha sido el único en estar involucrado en estos negocios. Desde que estalló el escándalo de los Papeles de Panamá, emergieron 30 firmas en guaridas fiscales directamente asociadas al entorno presidencial. A ese grupo de compañías constituidas en países como Panamá, Bahamas o Islas Vírgenes Británicas se suman otras 18 empresas donde funcionarios del Gobierno y colaboradores del mandatario figuran como directivos.”[5]

Un asunto queremos aclarar: no estamos haciendo un reproche sobre las ganancias que algún empresario pueda hacer, más allá de que a quien escribe, le parece absolutamente grosera y perversa tal devoción al “dios dinero” como explica Francisco. El problema se plantea cuando estos peones del sistema financiero llegan a ocupar cargos en el Estado, y lo utilizan como mecanismo para apropiarse de lo producido en el país sacándolo de sus fronteras y sumiendo a millones de argentinos en la indignidad de la falta de trabajo, la precariedad laboral y salarios de pobreza.

Ojalá, más temprano que tarde, Caputo (Luis o Nicolás, da lo mismo) responda política y judicialmente por robarle a la mayoría de argentinos. Ahora bien, el problema no se termina en el nombre de un ministro, creer eso implicaría asumir que la dominación que ejerce el sistema financiero recae sobre la individualidad de un hombre.

La realidad, (y la historia), indica que son las clases sociales quienes extraen de su seno algún personaje que los represente, siendo perfectamente intercambiable por otro con características similares. En consecuencia, el problema no es solamente Caputo, sino de qué manera quienes conducen el Estado nacional en la actualidad lo utilizan como mecanismo para garantizar el negocio financiero, convirtiéndose ellos mismos en un eslabón más de la dominación./

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[1]     http://www.ambito.com/909902-en-2017-la-salida-de-capitales-sumo-us22148-millones

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[2]     https://www.pagina12.com.ar/84365-la-fuga-de-capitales-deporte-nacional

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[3]     https://www.pagina12.com.ar/70356-fuga-de-capitales-y-las-offshores

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[4]     https://www.eldestapeweb.com/el-mejor-amigo-macri-multiplico-44-la-facturacion-anual-sus-empresas-n25621

[5]
[5]     https://www.pagina12.com.ar/8681-el-gobierno-de-las-offshores

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